El 10 de julio de 2025 se inauguró un aula escolar en esta comunidad indígena Enxet Sur, ubicada en medio de establecimientos ganaderos en la zona de Pozo Colorado. La construcción se realizó en el marco del proyecto “Seguridad Alimentaria, Agua y Educación en dos comunidades Enxet Sur del Bajo Chaco”, con el apoyo solidario de Manos Unidas.
La escuela empezó a funcionar en junio del 2024, hoy con esta aula que entregamos permite que niñas, niños y adolescentes accedan a una educación digna. En medio del monte, y caminos privados tras más de 15 portones que separan a la comunidad del resto del mundo, allí donde muchas veces no son escuchadas y no llegan las políticas públicas del Estado, ni las cámaras, sí llegó la esperanza.
No se trata de una escuela cualquiera. Es el fruto del compromiso conjunto entre la comunidad indígena, una Iglesia que camina con su pueblo, y organizaciones que creen que los derechos no se mendigan, se garantizan. Allí, una docente valiente decidió instalarse, vivir con las familias, compartir la mesa y el corazón. Entre lágrimas, agradeció profundamente el acompañamiento, pero también expresó el peso de la soledad. Sola frente al abandono institucional, pero firme en su vocación. Porque educar no es solo enseñar contenidos: es sembrar dignidad.
Ese día tan especial a pesar de ser invitados no estuvieron presentes el Ministerio de Educación, el gobernador, el intendente, la ausencia de las autoridades es un silencio para con las comunidades que trabajan y buscan su desarrollo. Pero, no fue un silencio cualquiera: fue un silencio que grita.
Y en ese contexto, el padre José Arias, director de la Pastoral Social no solo bendijo con agua en nombre de Jesús, el Agua Viva. También pidió —con humildad y respeto— que la comunidad indígena hiciera su propia bendición, en su lengua y desde sus creencias. Porque no se trata de imponer, sino de compartir. Porque el Reino de Dios no tiene fronteras culturales, y la dignidad no tiene idioma exclusivo.
»Si fuéramos muchos, tal vez estarían aquí», dijo el padre José.
«Pero como somos pocos, no importamos. A veces parece que valemos menos (para las autoridades) porque no generamos votos».
Palabras que duelen.
Y sin embargo, la esperanza no se detiene.
Porque cuando no llegan los que deberían llegar, la solidaridad camina.
Porque cuando la política se ausenta, el amor social se hace presente.
Porque cuando se niega un derecho, nace la resistencia con ternura.
Este video es una denuncia, pero también una bendición y una celebración de la vida.
Es un acto de fe… y un grito sagrado.
📅 Publicado el 16 de julio de 2025
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