
LA CREACIÓN CLAMA, ¿QUIÉN RESPONDE?
marzo 27, 2026El 19 de abril no es solo memoria; es conciencia que incomoda.
Hay fechas que no se celebran: se contemplan como una HERIDA ABIERTA que todavía habla
Desde la Pastoral Social de Benjamín Aceval queremos mirar de frente una verdad que muchos prefieren esquivar: los pueblos indígenas no son un capítulo del pasado ni una postal cultural para actos oficiales. Son raíz viva. Son memoria encarnada. Son, en un sentido profundo, los primeros custodios de esta tierra que hoy habitamos.
No estamos aquí para “integrarlos” como si les faltara algo. Esa idea ya nació torcida. Lo que corresponde —con humildad y justicia— es reconocer que fueron históricamente golpeados, desplazados, silenciados y relegados a los márgenes. Y no solo en el pasado: esa marginalidad, esa vulnerabilidad, sigue latiendo hoy, a veces de forma más sutil, pero igual de real.
La exclusión no es casualidad. Es consecuencia. Consecuencia de decisiones políticas, de indiferencias sociales y de una mirada que muchas veces ve al indígena como problema, cuando en realidad es portador de una riqueza espiritual, cultural y comunitaria que nuestra sociedad moderna ha olvidado.
Por eso, nuestro enfoque es claro y sin doble discurso: no se trata de intervenir para cambiar su identidad, sino de custodiar, fortalecer y promover lo que ya son. Su lengua, su cosmovisión, su vínculo con la tierra, su manera de entender la vida. Ahí hay sabiduría. Ahí hay dignidad.
Defender a los pueblos indígenas no es un gesto ideológico: es un acto de justicia elemental. Porque fueron vulnerados, porque siguen siendo vulnerables en muchos aspectos, y porque históricamente han sido colocados en situaciones que los vuelven aún más expuestos —es decir, vulnerabilizados por estructuras que no los protegen como deberían.
Y hay algo que no se puede ignorar: esta tierra tiene historia antes de nosotros. Ellos no son “otros”. Son, en muchos sentidos, nuestros ancestros culturales y espirituales. Negarlos es negarnos.
Nosotros reafirmamos un compromiso concreto: acompañar sin imponer, escuchar sin corregir, caminar sin atropellar. Apostar por políticas y acciones que no uniformen, sino que respeten la diversidad como un valor.
Porque una sociedad que arrincona a sus raíces termina secándose.
Este 19 de abril no es para aplaudir discursos. Es para revisar la conciencia. Y actuar en consecuencia.




